25/04/04

enviado por el particpante "hh"

Desertificación en Argentina 

Alarma por el impacto de la desertificación

Un ingeniero agrónomo de la UBA encendió la señal de alerta por el deterioro de la tierra en la Argentina. Los problemas ambientales, sociales y económicos que deja la erosión. La explotación desmesurada arroja cada año miles de hectáreas nuevas con altos grados de desertificación

La voz de alerta es clara: más de dos tercios del territorio argentino están comprendidos por regiones áridas, semiáridas o subhúmedas secas. Y si se tiene en cuenta que el 80% del territorio nacional está ocupado con actividades agrícolas, ganaderas y forestales, no sería llamativo conocer cómo se llegó a tener 60.000.000 de hectáreas sujetas a procesos erosivos de moderados a graves.

De esta manera grafica el panorama local el ingeniero agrónomo Daniel Tomasini, director del Departamento de Economía, Desarrollo y Planeamiento Agrícola de la Facultad de Agronomía de la UBA, responsable de un estudio sobre este fenómeno complejo cuyo resultado es la degradación de la tierra. Es decir la pérdida de fertilidad y de productividad frente al avance de un incontrolado proceso de explotación.

Bajo el nombre de "La Desertificación: un problema ambiental, social y económico de creciente importancia", este profesor adjunto a cargo del área de Economía de los Recursos Naturales repasa no sólo la situación puntual del problema en diferentes zonas del país, sino que explica causas y deja abiertas algunas puntas de acción para revertir el problema.

Desde el ámbito internacional, el proceso adquirió dimensiones globales que llevaron a las Naciones Unidas a crear en 1994 una convención para luchar contra la Desertificación y Mitigación del Efecto de las Sequías, hoy tan extendida en gran parte de la Pampa Húmeda y Sierras de Córdoba.

Para el catedrático, "la cuantificación del deterioro ambiental y la valorización de su impacto, junto con el análisis de factores socioeconómicos como causa y consecuencia de la degradación, son elementos claves para la adecuada toma de decisiones en política ambiental, sectorial y regional".

Si bien sostiene en su trabajo de investigación que la Argentina ha establecido el Programa de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación en 1997, en el marco del cual se desarrollan numerosos estudios y proyectos de intervención, para conservar, preservar y rehabilitar los recursos naturales de las tierras secas, cada año se agregan a la abultada lista unas 650.000 ha con distintos grados de erosión.

"Esta situación es particularmente aguda y crítica en las zonas áridas y semiáridas, donde la pérdida de productividad se traduce en el consiguiente deterioro de las condiciones de vida y expulsión de población", entiende Tomasini.

De acuerdo con el especialista de la UBA, "la población urbana y rural establecida en esta región árida/semiárida es aproximadamente el 30 % del total nacional (9.000.000 de habitantes). Muchos de los estados provinciales de la región presentan ingresos per cápita promedio inferiores a la media nacional, y los porcentajes de hogares con necesidades básicas insatisfechas duplican la media nacional".

Para conocer aún más datos, el investigador cree que las regiones áridas del país "disponen sólo del 12 % de los recursos hídricos superficiales (2.600 m3/seg), los que junto a la dotación de aguas subterráneas, permiten el riego en mas de 1.250.000 hectáreas en los llamados oasis de riego".

Sin embargo, su trabajo deja expuesta una vez más la dramática situación: "las deficiencias en la infraestructura de riego, la inadecuada sistematización del terreno, el mal manejo del agua y déficits en la asistencia técnica al productor, llevaron que cerca del 40% de la superficie presenta problemas de salinización y/o revenimiento freático.

Por otro lado, un fenómeno que contribuye a la desertificación es la disminución de las formaciones boscosas. "En los últimos 75 años la reducción de la superficie forestal natural, por efecto de la explotación con objeto maderero y energético, sobrepastoreo y el desmonte para la ganadería y la agricultura, alcanzó el 66% (mayoritariamente en las zonas secas) de su superficie original", dice Tomasini.

De hecho, esta pérdida de biodiversidad hace que hoy corran "peligro de desaparición el 40 % de las especies vegetales y animales en todas las regiones marginales y en especial en las más expuestas a la desertificación".


Economía y sobreexplotación
"El proceso de deterioro ?dice el profesor- es agravado por políticas macroeconómicas y sectoriales que privilegian la orientación exportadora, favoreciendo la concentración y la explotación de los recursos naturales de una manera no sustentable".

Es decir que el país carece de una política de protección para evitar que se sobreexploten los recursos como estrategia de supervivencia.

En esta línea, Tomasini postula que "la desertificación provoca importantes impactos en la sociedad y su economía, tanto a nivel global, nacional ó local. El deterioro de los recursos en las tierras secas ó la propia incapacidad para incrementar la productividad del sistema agrícola, generan permanentes flujos migratorios hacia los centros urbanos. Estas migraciones desestructuran las familias rurales, generan una importante pérdida cultural, y por sobre todo incrementan la pobreza extrema en los centros urbanos".

A modo de concientización, hoy muy distante de la realidad, el especialista encuentra oportuno "la cuantificación de este deterioro ambiental y la adecuada valorización económica de su impacto, junto al análisis de los factores socioeconómicos como causa y consecuencia de la degradación, son elementos claves en la política ambiental rural en la región".

Un consorcio de universidades y de centros de investigación en zonas áridas de Argentina, liderado por la Facultad de Agronomía de la UBA, y con el apoyo técnico financiero de la cooperación alemana GTZ, desarrolla el proyecto "Economía y Desarrollo Sustentable de la Tierras Secas en Argentina" para el ajuste de métodos de valoración económica productiva y ambiental para las tierras secas y su aplicación en la toma de decisiones.

Para el profesor, pese a la situación no muy favorable, "existen muchas oportunidades para inversiones en estas áreas, que en el marco de proyectos para el desarrollo sustentable de pequeños productores y campesinos, demuestran que el nivel de eficiencia del capital invertido en este tipo de proyecto productivo-ambiental puede alcanzar valores positivos".

Por último, deja un positivo panorama para tener en cuenta: "tasas internas de retorno del capital invertido entre el 37 y 59% para proyectos de manejo silvo-pastoril en la región del Chaco, entre el 27 y 64% para mejoras en el manejo de cría bovina en zonas de sierras y montañas, se presentan como oportunidades para vincular el desarrollo con el control de la desertificación".




http://www.universia.com.ar/portada/actualidad/noticia_actualidad.jsp?noticia=10478

 

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